Realidad o ilusión

Todos estamos pasando por un momento complicado, la impotencia y el miedo, la incertidumbre y la ansiedad se apoderan de nosotros. Nos sentimos débiles, vulnerables, incapaces de cambiar la realidad que nos rodea. Nos sentimos indefensos.

Jamás pensé que llegaríamos a esta situación, es más, creí que se trataba de una epidemia controlada que solo afectaría a unos pocos, que no colapsaría uno de los pilares fundamentales del Estado, la sanidad. También creí que nuestras vidas no quedarían paralizadas, que nuestras rutinas y agendas apretadas seguirían, que continuaríamos "quejándonos" de lo que no nos gusta y disfrutando de lo que sí; en definitiva, que seríamos libres.

Y sé que no soy la única que no ha sido consciente de ello desde un primer momento. Lo que más rabia me provoca es que esta situación ha condicionado tanto nuestras vidas que, para muchos, los días de la semana ya no cobran sentido; para muchos, todos los días son iguales. Vivimos inmersos en nuestras casas, nuestros hogares, sin poder salir de ellos a nuestro antojo, algo que creíamos impensable. Algunos lo llevan bien, otros regular y otros mal. Es el momento de estar más unidos que nunca para superar cualquier adversidad, y no tirar la toalla.

Tampoco creo que nuestras vidas vuelvan a la normalidad cuando termine el confinamiento, hay que asumir que tardaremos un tiempo en recuperarla. Sin embargo, también podemos aprovechar este momento para fortalecernos, y fomentar nuestro crecimiento personal y familiar. Estamos aprendiendo a valorar lo que teníamos y a luchar por volver a conseguirlo, a valorar la vida que creíamos que era aburrida o insignificante, pero que actualmente echamos de menos.

Tantas emociones en tan poco tiempo, tantos cambios a los que hay que acostumbrarse y hacer de ellos algo positivo. Ahora por fin somos conscientes de que la lucha del ser humano no solo comprende dinero, reconocimiento o poder.

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