Una luchadora Así es ella, una mujer de pies a cabeza. Fiel a sí misma, triunfal, en definitiva, una luchadora. Una mirada al frente, y todo cambia- decía. Sigue creyendo en su fortaleza, en sus vendajes, en su coraza aislante. Una bella atrapada en el cuerpo de una bestia, dirían. Más fuerte que débil, no permite caídas inoportunas, nunca tropieza con la misma piedra. Es más, cree en el amor, disfruta saboreando sus fragancias pero tampoco deja que supuestos caballeros la engañen con sus múltiples falacias. La admiro, faltaría menos. Olvida y deja olvidar, pero recuerda. Eso sí, como la sal, en su justa medida.
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Mostrando entradas de enero, 2018
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Déjà Vu Noto esa extraña sensación, tan familiar. Desconozco sus orígenes, pero sé con certeza que no es la primera vez que me pasa, ya lo he vivido antes. Algo incierto, siento que sí pero en el fondo sé que no. Simplemente mágico. Aquella sensación y él, juntos, en simbiosis. Una paradoja tan presente, tan viva, tan real. Es como si le conociera de antes, tal vez en un pasado próximo, como si de un alma gemela perdida en mi subconsciente se tratase, quizás. Recuerdo vagamente haber disfrutado de sus peripecias, de sus líneas bien contadas, de sus mareas a la deriva, porque es capitán. Recuerdo su mundo, tan mío y suyo al mismo tiempo, tan nuestro. Dichoso destino, creo y quiero recordarte en silencio. Me fío de mis latidos.
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Querida infancia Qué buenos tiempos, ojalá poder revivirte por última vez. Recuerdo como tus días radiantes de sol eran interminables, juegos y más juegos. Recuerdo el sabor lima limón de mi calipo, las voces de mis amigos risueños, que cabalgaban entre montañas de juegos y diversión, imaginando historias únicas. Recuerdo aquellas tardes como si las hubiese vivido ayer, tan cercanas y lejanas al mismo tiempo, tan mías. Recuerdo ese brillo reflejado en mis ojos lleno de magia, la adrenalina recorrer cada poro de mi piel, y cómo no, la ilusión de una niña que sueña despierta; la de una niña al fin y al cabo. Querida infancia, quisiera saborearte una vez más, y esta vez, te prometo que lo haré con todos mis sentidos.
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La huella del pasado Notas como te persigue, una sombra que te resulta familiar. Escuchas el sonido sordo de sus pisadas, tan veloces por momentos. Te atrapa, notas como cada fibra muscular de tu cuerpo se tensa y te impide continuar. Susurra- detente, no te librarás tan fácilmente de mi. ¿Por qué huyes? Eso te preguntas tú. ¿Por qué lo haces? Sabes que es inofensiva, no va a cambiar tu presente, tu día a día. No puede. Pero te hace recordar. Un sólo recuerdo te estremece. Intentaste olvidar todo, cuántas veces. Pero la amnesia voluntaria revive, se hace cada vez más poderosa porque tú se lo permites. Se alimenta de tu miedo, de tu temor a que todo salga mal. De nuevo, como antes. La huella del pasado, que tantas cicatrices dejó prosigue. Intentas con todas tus fuerzas dejarla atrás. Sabes que siempre estará allí, contigo. En cada paso que des, ella te acompaña. Frunces el ceño y resoplas. Eres optimista. Lo sabes, por mucho que aquellas personas au...
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Inquietud Balanceas las piernas ligeramente, no puedo más- dices. Estás cansado de esperar. Te preguntas por qué a ti. ¿Será el karma? O peor aún, ¿un mal de ojo? No puede ser, no puedes tener tan mala suerte siempre. Es lógicamente imposible. Aunque sea por estadística. Miras el reloj, marca las 7:45. No llega. ¿Otra vez? Pasa 1 minuto. Sientes un cosquilleo recorrer tus piernas, y empiezas a tiritar. Oyes el chasquido de tus dientes, esque no son horas- reprochas. Tanto esfuerzo para llegar doblemente tarde. Pasan 2, 3, 4... Ya te da prácticamente igual, llegas tarde de todos modos. Para qué estresarte a lo tonto, piensas. Si llegar llegará. 8:02. A lo lejos divisas un automóvil acercarse. Por fin llega, por fin llega el dichoso autobús.
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Deseos ¿Cuántas veces has querido decir o hacer algo y no lo has hecho por temor a las consecuencias o a la reacción estandarizada de los demás? Unas cuantas, ¿verdad? Notas como tus pupilas se dilatan, tu ritmo cardíaco se eleva, sientes la necesidad de decir que sí pero un cambio sináptico en tus neuronas te lo impide, inspiras profundamente, y acabas cediendo ante la impotencia de tu voluntad. Desear, no es nada malo. Constituye una parte de nosotros que nos identifica y diferencia del resto, y nos ayuda a autorrealizarnos estableciendo metas y propósitos (a veces un tanto extravagantes, hay que admitirlo). ¿Como definirlo? Quizás sea un sabor dulce insaciable o uno amargo ante la cruda derrota. Aunque no siempre podamos cumplirlos siguen allí, persisten, acompañándonos en esta gran aventura.