Serendipia


Caminos paralelos, que muchas veces no se cruzan, pero existen ocasiones en las que aquella línea paralela puede desviarse de su recorrido y cruzarse con otra que en un principio tenía otra trayectoria. Eso es lo que algunos llaman casualidad, o destino; suerte o desgracia.

Pero aquí no estamos para hablar de geometría, sino de que no deberían existir nuncas, o jamases, ni tampoco siempres, porque hay cosas que suceden sin fundamento o explicación lógica, hecho que no ocurre con las matemáticas. Y esto forma parte de lo bonito de la vida, ya que al igual que a todo espectador le aburre una película monótona y predecible, a nosotros nos aburre seguir continuamente trayectorias paralelas.

Sin embargo, necesitamos tenerlo todo bajo control y salir de nuestra zona de confort nos produce miedo, por ello encadenamos nuestras vidas al camino recto y paralelo, que continúa hasta que ya no queda tinta. 
No queremos desviarnos porque no conocemos atajos para volver a nuestra primera trayectoria, y preferimos lo estándar antes que lo exótico. Caminos nuevos, que nos guardan nuevas lecciones, quizás nuevas oportunidades y retos, nuevos peligros, nuevas hazañas, pero a los que damos la espalda muchos de nosotros.


Y que hacemos para arreglar esta monotonía? Esperar a que las cosas sucedan, a que nosotros sin mover el lápiz y trazar la curva que queramos, podamos ser expertos en lo desconocido, y en pretender saberlo todo cuando ni siquiera hemos cuestionado nuestros métodos. Somos ingenuos, ya que nosotros mismos somos los que construimos nuestras vidas, y para conseguir lo que queremos debemos buscarlo, desviarnos hasta encontrar el trazado correcto, y seguir haciéndolo.

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