El recuerdo

Muchas veces recuerdo, incluso sin ser consciente de ello. Estos vagan en mi mente a pesar de que, tantas veces, el olvido haya intentado vencerlos. Pero, ¿por qué no hacer de ellos algo positivo?

Los recuerdos nos permiten madurar y crecer como persona, levantarnos cuando nos caemos, y aprender a no tropezar con la misma piedra dos veces consecutivas. Sin el recuerdo desconoceríamos el habla, la escritura, incluso algo tan sencillo como andar. Tampoco sabríamos amar, porque no recordaríamos cómo hacerlo o como conservar nuestras experiencias pasadas.

No recordaríamos a nuestros seres queridos, a nuestros amigos, nuestro primer "mamá y papá", nuestro primer paso, nuestro primer beso, nuestro primer amor; y tantas otras cosas. No recordaríamos esas mariposas en el estómago, esas veces en las que nos reíamos de nosotros mismos sin parar, o esas veces que disfrutábamos del momento con los de siempre o  jugábamos a ser mayores. Cada experiencia, cada emoción, cada sentimiento sería totalmente nuevo y desconocido, un continuo puzzle con piezas todavía por encajar.

Recordar nos hace ser personas, seres que sienten y dejan sentir; porque sin ello estaríamos "enfermos" de algo parecido al alzheimer, y no creo que a nadie le agrade esa idea. Recordar no siempre implica experiencias dolorosas para uno mismo, de hecho, se puede aspirar a más y considerarlo como un tipo de comodín para pasar al siguiente nivel, a la siguiente hazaña de nuestras vidas; recordando nuestro pasado, lo que somos y lo que nos diferencia del resto.

Así que, dicho esto, os animo a recordar libremente, a volver a experimentar esas sensaciones placenteras, esas broncas de tus padres cuando metías la pata de pequeño, esas trastadas cuándo veías el mundo con otros ojos, ese primer día de clase en el que tus nervios se apoderaron tanto de ti... Os animo a ser por un instante lo que fuiste, a descubrir aquel niño que tienes en tu interior. 

Recuerda, tan simple como eso.

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